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Trastornos de la conducta alimentaria

Trastornos de la conducta alimentaria

En México, hay un número elevado de jóvenes que están sufriendo lo que se conoce como Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA) que es básicamente sentir angustia o miedo a engordar.

Estos pacientes son muy receptivos y vulnerables a ajustar su conducta en función de la opinión de la gente y ante situaciones que les provoquen estrés, como el periodo de exámenes en la escuela. Por lo que su conducta alimentaria está correlacionada con sus emociones[1].

Los síntomas más frecuentes son: Anorexia nerviosa, la persona tiene una necesidad patológica de estar delgado, se provoca el vómito mediante el uso de laxantes y diuréticos. A pesar de la pérdida de peso, los o las afectadas presentan un intenso temor a llegar a ser obesas, tienen una gran distorsión de la imagen corporal y una preocupación extrema por la dieta, la figura y el peso.

Bulimia nerviosa, la persona ingiere una gran cantidad de alimento en poco espacio de tiempo y generalmente en secreto, para vomitar inmediatamente y hacer maniobras de purga o aumento de la actividad física.

Trastorno por atracón, la persona come demasiado y muy seguido sin recurrir al vómito ni uso de laxantes, presentando después síntomas depresivos.

Cabe señalar, que los trastornos de la alimentación como anorexia y bulimia se presentan con mayor frecuencia entre jóvenes de 12 a 25 años de edad y aunque afecta a ambos géneros es más frecuente en mujeres de entre 15 a 29 años[2] en un 90% de los casos, registrándose en México cerca de 22 mil casos anuales con una mayor tasa de mortalidad sobre cualquier otra enfermedad mental al calcularse que el 10% de los jóvenes con anorexia y el 17% con bulimia intentan suicidarse.

A pesar de que los trastornos de la alimentación son enfermedades consideradas como graves, sus consecuencias pueden controlarse mediante tratamiento psicológico especializado, pudiendo lograr una vida casi normal si es que se sigue correctamente el tratamiento médico. De acuerdo con estudios internacionales el 57% de los adolescentes enfermos mejoran, 40% logran una cura total y un 3% fallece[3].

Las personas con trastornos alimentarios pueden además desarrollar, trastornos de ánimo, trastorno de ansiedad, abuso de substancias (alcohol, cocaína, heroína, metanfetaminas) o autolesionarse y tener constantes pensamientos y comportamientos suicidas, pérdida de peso, huesos que se desmineralicen y sufrir fracturas; caída de cabello, piel seca; pierden la regulación de la temperatura del cuerpo y en el caso de las mujeres se puede alterar su ciclo menstrual.

Dependiendo de la evolución de la patología, aparecen vómitos y en consecuencia el sufrimiento del aparato digestivo; si toman diuréticos, se resienten los riñones y si se ingieren laxantes, el intestino puede tener complicaciones severas.

Para la Fundación “Dime y Juntos lo Hacemos”, A.C, es de suma importancia que el gobierno federal, las entidades federativas y las organizaciones civiles, redoblen esfuerzos en difundir medidas preventivas que permitan evitar que nuestra población padezca estas patologías que pueden ser muy difíciles de revertir por cuenta propia, sino se cuenta con ayuda especializada.