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Violencia contra la mujer

A propósito de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, cuántas y cuántos de ustedes escucharon, crecieron o fueron educados con las siguientes frases:

 

Agradece que tienes marido / Mantén limpia tu casa y cuida a tus hijos.

Pórtate bien y no hagas enojar a tu esposo / Los hombres no tienen que dar explicaciones.

Nada tienen que hacer las mujeres en la calle / La escuela es para los hombres.

 

Aunque parezca difícil de creer y en un tiempo en el que se podría pensar que estamos avanzando a pasos agigantados en la conquista de oportunidades para las mujeres, así como de espacios públicos para el género femenino, la verdad es que en muchos poblados de este país la violencia sigue siendo permitida e incluso se considera un indicativo de virilidad. En nuestra sociedad no sorprende que cuando un hombre se atreve a colaborar en las actividades del hogar pierde el respeto hasta de sus familiares y es juzgado o estigmatizado como “mandilón”.

Sin demeritar los avances que se han alcanzado en materia de igualdad entre mujeres y hombres, no debemos perder de vista que la “Encuesta Nacional sobre Dinámica de las Relaciones en los Hogares del INEGI” (2016), señala que más del 66% de las mujeres mayores de 18 años han sufrido algún tipo de agresión física, psicológica o sexual[1], destacando las siguientes[2]:

 

  • Violencia por un compañero sentimental (violencia física, maltrato psicológico, violación conyugal, feminicidio).
  • Violencia sexual y acoso (violación, actos sexuales forzados, insinuaciones sexuales no deseadas, abuso sexual infantil, matrimonio forzado, acecho, acoso callejero, acoso cibernético).
  • Trata de seres humanos (esclavitud, explotación sexual).
  • Mutilación genital.
  • Matrimonio infantil.

 

A pesar de contar con leyes, políticas públicas, programas y acciones en beneficio de las mujeres, la violencia sigue estando presente en el lugar en el que radicamos, en el transporte público, en los centros de trabajo o al exigir nuestros derechos, y se acentúa aún más en la familia, cuando juzgamos y criticamos a nuestras mujeres por usar una falda o porque llegan tarde a casa.

Los prejuicios siguen inclinando la balanza de nuestros comentarios y si una joven es atacada sexualmente es común escuchar expresiones como:

Si no se vistiera así no le habría pasado nada / Es divorciada… necesita hombre.

Ella me provocó / No te pasaría nada si estuvieras en tu casa.

Desgraciadamente, persiste en nuestra sociedad la idea de que las mujeres nacieron para servir, para limpiar y para cuidar hijos. A muchas de nuestras abuelas y madres se les prohibió estudiar y seguramente conoces a alguien que al casarse ya no regresó a trabajar, no porque no hiciera falta su contribución económica, sino por presiones de su marido.

La violencia contra niñas y mujeres inicia en casa. Al diferenciar los juguetes con los que deben jugar las niñas y los niños; al establecer las actividades que deben realizar cada uno de los integrantes de la familia, la limpieza la hacen las mujeres y las reparaciones los hombres; los jóvenes están autorizados a llegar de madrugada y las niñas siempre antes de las diez.

Incluso, un tipo de violencia en contra de las mujeres es la falta de información, de sensibilización y de concientización de los pros y contras de concebir antes de los 18 años. Recordemos que en nuestro país más de 32 millones de mujeres son madres y 6 de cada 10 tuvieron a su bebé alrededor de los 14 años. En este tema, también se violentan los sueños, aspiraciones y anhelos de nuestras mexicanas, no porque no sea posible salir adelante siendo madre, sino por empalmar etapas de la vida que deberían vivirse en forma independiente y en su máxima plenitud.

La diferencia entre hombres y mujeres va más allá de la fuerza física. La diferencia la hace el entorno, la familia y la sociedad en su conjunto. La diferencia radica en nuestras acciones, en favor de los derechos de las mujeres o en atacarlas sólo porque les regalan una sonrisa.

 

Nadie tiene el derecho sobre la vida de otro. Nada lo justifica y quién lo crea así, vive en un terrible error. En México cada 160 minutos es asesinada una mujer o una niña. En 2017 perdieron la vida en forma violenta 3,357 mujeres y en 2018[3]se cuentan más de 3,600 feminicidios en el país.

Si ya existen leyes que empoderan a las mujeres, que equiparan las oportunidades entre géneros y que castiga con cárcel los abusos y excesos en contra del sexo femenino. El reto de ésta y las generaciones que vienen por delante, es alterar positivamente el núcleo de la sociedad, para que desde la familia eliminemos las diferencias que existen entre hombres y mujeres. Sólo así, podremos escalar a una sociedad en donde se conmemore el día internacional de la mujer, no para insistir en que se siguen violentando los derechos de las mujeres, sino para reconocer a mujeres y hombres por igual, respecto a la trascendencia de sus aportaciones a nuestra sociedad.

La Fundación “Dime y Juntos lo Hacemos” A.C., siempre será un brazo solidario que impulsará y trabajará para que las mujeres accedan a la educación, se desarrollen en el terreno profesional, reciban un sueldo que corresponda a sus actividades sin ningún tipo de discriminación y materialicen su independencia económica.

Nuestra Misión es que las mujeres participen libremente en la política, se reconozca su contribución en el desarrollo del entorno local, regional y nacional y que todas y todos estemos orgullosos de materializar la verdadera “igualdad de género” y en donde la voz de hombres y mujeres se escuche con la misma intensidad.

 

[1]Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2016. http://www.beta.inegi.org.mx/proyectos/enchogares/especiales/endireh/2016/

[2]http://www.un.org/es/events/endviolenceday/

[3]https://diario.mx/nacional/registran-3-mil-607-feminicidios-en-2018-20190311-1488613/

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